domingo, 6 de marzo de 2011

FILOSOFIA 632


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HELENISMO

En el año 336 a. de N. E. murió el rey de Macedonia Filipo II. Su hijo Alejandro, con tan sólo 20 años de edad, tomó las riendas del sólido imperio que su padre le legó y lo hizo crecer y crecer. Su dominio se extendió de la península Balcánica a Egipto, sobre el imperio Persa y hasta las márgenes del río Indo. Tantas fueron sus victorias que este joven gobernante fue calificado de Magno.

Alejandro Magno tuvo una profunda admiración por la cultura griega. Su preceptor de la infancia fue nada menos que el filósofo Aristóteles, quien le enseñó el amor al arte y la poesía griegos y su libro favorito era la Ilíada, porque se veía a sí mismo como un segundo Aquiles. Entre sus consejeros se contaban geógrafos, botánicos, un mineralogista y un meteorólogo. A su paso por los distintos pueblos que integraron su imperio, permitió, hasta cierto punto, religiones y costumbres locales pero introdujo también una cultura helenística que trascendió la muerte del conquistador, en donde elementos culturales griegos se fundieron con elementos persas y de otras culturas antiguas, como Egipto, Mesopotamia e India.
El arte griego en el periodo helenístico cambió de acuerdo con la sociedad que lo produjo. La serenidad de la escultura clásica dio lugar a una exploración de las emociones humanas y un mayor conocimiento de la anatomía. El arte helenístico, en comparación con el griego clásico, dió la impresión de discordia y no de armonía, de angustia en vez de tranquilidad, de emoción en lugar de racionalidad. Estos contrastes se han atribuído a que el pensamiento helenístico privilegió la creencia de que cada hombre tiene sus propios sentimientos, ideas y opiniones, totalmente distintos de los de los demás. En vez de buscar un justo medio, los filósofos helenistas buscaban las causas profundas del conflicto interior de los hombres.

El sentimentalismo y el melodrama que se expresaron en el arte helenísitico fue despreciado por estudiosos del arte de épocas posteriores que preferían la serenidad y el equilibrio de los griegos. Sin embargo, ahora podemos valorar este periodo artístico en su justa dimensión y apreciar los logros expresivos de sus manifestaciones culturales.

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